En 1954, Julio César Decastro Herrera —nacido en 1916— inició su trayectoria en el derecho penal en los departamentos de Antioquia y Córdoba. Ejerció también como juez penal, lo que le otorgó una comprensión profunda del sistema judicial de su tiempo y una mirada equilibrada entre la función del Estado y los derechos del acusado. Durante más de tres décadas, su nombre se asoció a la defensa técnica de ciudadanos ante los estrados judiciales colombianos. Pertenecía a una generación de abogados forenses que entendían la palabra como arte, y la dignidad de la defensa como un compromiso vital. Su oratoria, capturada aún en antiguos registros de audiencias, refleja la época en que la elocuencia era también una forma de justicia.
De esa escuela nace Alejandro Decastro González, segunda generación de esta vocación jurídica. Desde 1993, cuando aún era estudiante del Consultorio Jurídico, asumió la defensa de personas acusadas en causas penales menores, y en 1994 inició formalmente su carrera como abogado. Heredó de su padre no solo el amor por el derecho penal, sino también la convicción de que el abogado penalista debe ser la voz de quien no la tiene.
Hoy, bajo su dirección, Decastro Abogados proyecta esa herencia hacia el presente y el futuro: una firma reconocida por su rigor técnico, su defensa de los derechos fundamentales y su aporte académico a la formación de nuevas generaciones de litigantes. La experiencia heredada y la innovación constante se funden en una misma línea: dignificar la práctica jurídica y mantener viva una tradición de defensa penal que ha acompañado a Colombia por más de setenta años.
