LA FIRMA

Diana Valencia

“La semana del 4 al 8 de octubre de 2010, parecía ser una semana normal, los primeros días transcurrieron como de costumbre; madrugar para ir a trabajar y arreglar a mi hija para llevarla donde la abuela. Pero el jueves 7 de octubre ocurrió algo inimaginable en mi vida, llegó la fiscalía a las 6:10 am a mi casa, con una orden de allanamiento y una orden de captura en mi contra, por unos hechos ocurridos hacía 4 años en la empresa donde yo laboraba. Desde ese momento en adelante, mi vida se convirtió en un caos; igual para mi esposo, hija y familia. Durante dos días estuve en el bunker de la fiscalía y posteriormente, en los calabozos de la alpujarra. Tras la primera audiencia que duró casi 9 horas, luego de tanto miedo, dolor, susto e incertidumbre, el juez me otorgó detención domiciliaria y fui llevada a mi casa al otro día, en el carro del INPEC, o sea, el viernes 8 de octubre a las 8:00 pm. Ahí empezó realmente la pesadilla, porque yo todavía no entendía qué estaba pasando, pues pensé que se solucionaría el lunes y que todo había sido un malentendido. Hablamos con un abogado amigo para que nos ubicara un poco en el tema: qué significaba todo este problema, qué debíamos hacer, cuánto tiempo duraba; en fin, que nos informara todo y especialmente sobre la asesoría jurídica que requeríamos. Lo primero que nos dijo fue que necesitábamos urgentemente un abogado penalista, ojalá el mejor que hubiera en Medellín, que esto duraría más o menos 6 meses; nos habló de las audiencias, del sistema penal acusatorio en Colombia, cómo funciona y de las distintas audiencias que seguían, y por último, que debía enfrentar un juicio, y lo peor, que yo debía estar en la casa todo este tiempo sin poder salir.
Otra vez se nos vino el mundo encima, pues no conocíamos a ningún abogado penalista. Entonces mi esposo se puso en la labor de hablar con amigos para que le ayudaran a conseguir el mejor abogado, y después de un mes de entrevistas con varios penalistas y por recomendación de un lado y de otro, nos hablaron del doctor Alejandro Decastro González.

Mi esposo se entrevistó entonces con usted y, desde ese primer momento, le sucedió algo que es muy difícil de explicar: tuvo una sensación de tranquilidad, de responsabilidad, de seriedad, y sobre todo, se sintió muy seguro de entregarle el caso, porque eran nuestras vidas las que estarían en sus manos y no nos podíamos equivocar al escoger al abogado.

En los meses siguientes, antes de la audiencia de imputación de cargos, usted con su equipo de trabajo y mi esposo, se pusieron en la ardua labor de conseguir pruebas y de ir armando toda la defensa. Apenas estaba comenzando esta situación tan incómoda, triste y larga para mí y mi familia y que, afortunadamente, al final tuvo un final feliz, porque no nos equivocamos al escoger al mejor abogado.

Hoy casi un año después de que la juez dio su fallo con el que me absolvía de todos los cargos imputados, me da una alegría inmensa haberlo encontrado a usted, doctor Decastro, un abogado a quien le entregamos mi vida para que me defendiera y que respondió de la mejor manera a esa responsabilidad, porque cuando nos pasan cosas como ésta, solo queda poner todo en manos del abogado, quien se convierte en el salvador. En este caso, realmente sentimos su apoyo en cada momento; después de cada audiencia, se preocupó por contarme con sinceridad cómo nos había ido, siempre procuró agilizar el juicio, siempre mantuvo la constante de sacar este proceso victorioso, siempre estuvo comprometido. Pasaron fines de semana completos trabajando, y en semana, hasta altas horas de la noche. Y usted, doctor Decastro, siempre estuvo ahí, comprometido a cualquier hora, todos los días.
En un país como éste, en donde ronda la injusticia, en donde encontrar abogados honestos y responsables es muy difícil, gracias a Dios lo encontramos a usted, porque llevar bien un caso y además obtener buenos resultados depende, en un porcentaje muy alto, de contar con un excelente abogado. Por eso a usted le debo mi libertad, a usted le debo que se haya hecho justicia.
Olvidar lo que me pasó seguramente va a ser muy difícil, será cuestión de tiempo, pero igualmente va a ser muy difícil olvidar al Doctor Decastro. Con usted estaré eternamente agradecida.
Gracias Alejandro.”